El Gobierno de Mariano Rajoy no ha querido que España se incorpore a la coalición recién formada por Estados Unidos para luchar contra el Estado Islámico, la que es, probablemente, la organización terrorista más poderosa de todos los tiempos

Cuatro razones por las que España no luchará contra el Estado Islámico Fuente  Ignacio Cembrero

En la foto salen todos los grandes países europeos, incluida Polonia, y alguno menor, como Dinamarca, pero no España. El Gobierno de Mariano Rajoy no ha querido que España se incorpore a la coalición recién formada por Estados Unidos para luchar contra el Estado Islámico, la que es, probablemente, la organización terrorista más poderosa de todos los tiempos por el vasto territorio que controla y las riquezas que maneja.

Mariano Rajoy durante la rueda de prensa al término de la cumbre de la OTAN.

Los secretarios de Estado, John Kerry, y de Defensa, Chuck Hagel, dejaron claro, la semana pasada en la cumbre de la OTAN en Newport, que había muchas maneras de participar en la coalición -entrenando al Ejército iraquí, proporcionando armas a los kurdos etcétera-, y no solo se trataba de bombardear a terroristas.

Rajoy reconoció, al término de la cumbre, que ha surgido en Irak y Siria “una gravísima amenaza para la estabilidad regional que también afecta a nuestra seguridad y a todos nuestros países”. Pese a la amenaza, pese a que la participación en la coalición puede ser a la carta, España no estará en ella. El presidente no explicó las razones que son, básicamente, cuatro.

1)      Alejandro Alvargonzález, secretario general de política de Defensa, fue el único, la semana pasada, en esgrimir en público un argumento para no estar en la coalición. “No está España en una situación todavía como para pensar en acciones militares en Irak”, declaró la semana pasada. “En el imaginario colectivo español el tema de Irak es complicado”, añadió aludiendo al enorme rechazo que suscitó en la opinión pública, en 2003, la participación española en la post invasión de ese país por EE UU. Prueba de ello fue la reacción del líder del PSOE, Pedro Sánchez, al ser preguntado, el jueves en la cadena SER, por cómo debía reaccionar España ante la tragedia de Irak: “Con el envío de topas, no”. Francia y  Alemania, que hace once años rehusaron secundar a EE UU para derrocar al dictador Sadam Husein, sí se han adherido ahora a la coalición puesta en pie por Barack Obama.

2)      Las Fuerzas Armadas españolas están bajo mínimos. Su presupuesto equivale al 0,9% del PIB, el más bajo de la OTAN junto con una república báltica y Luxemburgo. Pese a tener un PIB que es la séptima parte del español, hace ya dos años que el presupuesto militar de Argelia supera al de España. Los Ejércitos españoles ya desarrollan misiones, generalmente modestas, en un país de Asia Central (Afganistán), otro de Oriente Próximo (Líbano) y cinco de África (Malí, Somalia, República Centroafricana, Senegal y Gabón). Difícilmente pueden dar más de sí acudiendo ahora a Irak y más tarde, probablemente, a Siria de la mano de EE UU.

3)      Existe el convencimiento, entre parte de los militares y diplomáticos españoles, de que más bien pronto que tarde será necesario involucrarse más a fondo en una región más cercana geográficamente a España y donde la situación se degrada a pasos agigantados: el norte de África y el Sahel.Fernando Reinares, el investigador en terrorismo del Real Instituto Elcano, advierte de que dentro de unos meses puede surgir en Libia una especie de anejo del califato fundado en Siria e Irak por el Estado Islámico. Es sobre todo en ese país, el que ostenta las mayores reservas de hidrocarburos de África, donde se prevé que será necesario intervenir de nuevo. Se trataría de asegurar ahora ese “servicio post venta”, según la expresión del ministro nigerino de Asuntos Exteriores, Massoudou Hassoumi, que los occidentales no proporcionaron tras derrocar a Gadafi en 2011.

4)      Desde que fue golpeada por la recesión en 2008, a la que se añaden ahora otros desafíos como el independentismo catalán, la política exterior española ha empequeñecido. También ha disminuido la sensibilidad de sus instituciones y de su sociedad civil a lo que sucede más allá de sus fronteras excepto en lo económico. Prueba de ello es, por ejemplo, la escasa y, a veces, tardía reacción del Gobierno español, incluido su ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, ante la limpieza étnica y religiosa de cristianos, en su mayoría caldeos (católicos), y kurdos yazidíes practicada en el norte de Irak por el Estado Islámico o el degüello del primer periodista estadounidense, James Foley.

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2 Comentarios

  1. Desde que fue golpeada por la recesión en 2008, a la que se añaden ahora otros desafíos como el independentismo catalán, la política exterior española ha empequeñecido. También ha disminuido la sensibilidad de sus instituciones y de su sociedad civil a lo que sucede más allá de sus fronteras excepto en lo económico. Prueba de ello es, por ejemplo, la escasa y, a veces, tardía reacción del Gobierno español, incluido su ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, ante la limpieza étnica y religiosa de cristianos, en su mayoría caldeos (católicos), y kurdos yazidíes practicada en el norte de Irak por el Estado Islámico o el degüello del primer periodista estadounidense, James Foley.

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